6 jun 2013
5 may 2013
26 feb 2013
El trabajo de las afanadas discípulas
Como sabéis, el pasado jueves 21 tuvo lugar el primer taller de creación de complementos de La Aguja Piruja. Hemos pensado que a las afanadas discípulas, que tan duramente trabajaron con los alicates, tal vez les gustaría ver, en el blog, el resultado de sus esfuerzos. Y, por eso, os dejamos estas fotos de sus recién creadas piezas.
Como podéis ver, algunas optaron por trabajar con fotos antiguas. A nosotras nos gusta. No sólo quedan nostálgicas y favorecedoras, sino que, además, te garantiza que nadie en la feria bailará adornada con los mismos pendientes o broche que tú.
Otros complementos se hicieron con uno de nuestros clásicos: la flamenca de espaldas. Se editó en tonos morados y champán, a juego con el vestido. Y se complementó con cuentas rosas, moradas y doradas.
Lo que sí no podemos negar es que lo pasamos estupendamente, aunque mucho nos tememos que haya por ahí quien le haya cogido manía a los bucles de alambre...
Ah, y una cosa más. Imposible despedirse sin hacer una mención a la repostería de Hermana Menor, que nos endulzó la merienda con unas delicadas magdalenas con cobertura que, además de preciosas y coloridas, estaban de escándalo.
Muchas gracias a todas por haber hecho posible este primer taller.
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17 feb 2013
Nuevo taller de flamenca
Para todas aquellas que aún lo estén dudando. Para las que no han tenido tiempo de organizarse con tan poco tiempo. Para las que no disponían, precisamente, de justo esa tarde libre. Para las rezagadas. Para las que se han convencido después de ver los pedazos de pendientes y broche que se ha hecho su amiga. Para las que todavía no tenían decidido el color del traje. Para las que se acaban de hacer los agujeros en las orejas. Y para las que, por fin, se han dado cuenta de que bailan ya mejor que nadie...
Para todas ellas hemos abierto nueva fecha para el curso L'Atelier y olè. Diseña tus complementos de flamenca. Será el próximo 14 de marzo. Tenéis tiempo de pensároslo, pero no mucho, que se completan las plazas. Tenéis aquí un enlace con toda la información, pero aprovechamos para recordaros que el curso permite personalizar vuestros diseños, para lo que es importante que os pongáis antes en contacto con nosotras, con idea de informaros sobre posibilidades y hacer la maquetación con tiempo.
¡Ah! Y también para las que lo tenían dudoso porque no conocen nuestros complementos, para ellas especialmente, publicamos estas fotos de los penúltimos...
Los últimos vendrán pronto. Prometido.
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11 feb 2013
Talleres
Hemos empezado un nuevo proyecto.
Con este curso de artesanía, estrenamos sección en el blog. Queremos abrir las puertas de La Aguja Piruja. Ha llegado la hora de que nos veamos las caras, y podamos compartir con quienes estén interesados un buen rato de creatividad y conversación. Poniendo a vuestra disposición, claro está, nuestras manos y el sello de la casa.
Por eso, y ya que estamos en Sevilla en vísperas de tan señaladas fechas, nuestro primer taller se dirige a todas las flamencas guapas que quieran lucir esta feria unos complementos de infarto absolutamente pirujeros. El taller tendrá lugar en Sevilla el próximo jueves 21 a las 18h. Para más información contactad con nosotras.
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9 feb 2013
The White Day y Nervión Plaza
¡¡¡Pero, ¿dónde se han metido estas chicas?!!!
No nos extraña que, si tenemos la fortuna de que alguien nos haya echado de menos, se esté haciendo esta pregunta. Pues, como para casi todo en esta vida, hay una respuesta. Y, en este caso, la respuesta es que hemos sido aducidas por el maravilloso mundo de las bodas.
Y es que, en alguna ocasión, os hemos hablado ya de nuestra colaboración con Bdebodas. Esta colaboración se ha ido haciendo más estrecha y productiva a partir del otoño del pasado año. Y afortunadamente ha ido ya dando sus frutos en dos proyectos actuales.
Uno de ellos ha sido el showroom The White Day, en Cherubina, Sevilla, los pasados 6, 7, y 8 de febrero, donde hemos colaborado con la disposición de una mesa de banquete, y los detalles decorativos de la novia e invitados. Han sido todo un placer (además de un estrés) estos días de colaboración con tan buenos compañeros.
El segundo de los proyectos, para los que estéis en Sevilla o cercanías, se puede visitar en Nervión Plaza. Se trata de una promoción de este centro comercial para celebrar San Valentín: un sorteo en el que puedes ganar casi todo lo necesario para la celebración de tu boda (hacienda, fotos, catering, noche de bodas, fotógrafo...). Las chicas de Bdebodas ofrecen allí sus servicios, y nosotras, claro, las apoyamos en lo que podemos.
Os dejamos aquí unas imágenes de la mesa, dispuesta en tonos rosa y dorados, y para la que no hemos escatimado detalles, como el menú, chocolatinas y galletas. Y, claro, la bisutería de la casa para agasajar a los invitados.
No nos extraña que, si tenemos la fortuna de que alguien nos haya echado de menos, se esté haciendo esta pregunta. Pues, como para casi todo en esta vida, hay una respuesta. Y, en este caso, la respuesta es que hemos sido aducidas por el maravilloso mundo de las bodas.
Y es que, en alguna ocasión, os hemos hablado ya de nuestra colaboración con Bdebodas. Esta colaboración se ha ido haciendo más estrecha y productiva a partir del otoño del pasado año. Y afortunadamente ha ido ya dando sus frutos en dos proyectos actuales.
El segundo de los proyectos, para los que estéis en Sevilla o cercanías, se puede visitar en Nervión Plaza. Se trata de una promoción de este centro comercial para celebrar San Valentín: un sorteo en el que puedes ganar casi todo lo necesario para la celebración de tu boda (hacienda, fotos, catering, noche de bodas, fotógrafo...). Las chicas de Bdebodas ofrecen allí sus servicios, y nosotras, claro, las apoyamos en lo que podemos.
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13 ene 2013
De guitarras y acordeones
Habla Hermana Mayor.
Me gusta el acordeón.
Cuando era niña hice un año de acordeón en el Conservatorio. Recuerdo que la elección de tan poco familiar instrumento llenó a mis padres, cuando menos, de perplejidad. También hubo más personas, niños y adultos, que durante algunos días se entretuvieron bromeando a mi costa, diciendo que iba a tocar los famosos “pajaritos”. Después, una mudanza me vino a privar de seguir por tan sonoro camino, y ahora no soy capaz de recordar qué efecto producía ni una sola de las muchas teclas y botones que comprende un acordeón.
El acordeón es un instrumento ajeno a la orquesta, que exhala quejidos nostálgicos cuando no alborota incitando al baile, que produce notas bohemias y callejeras. Es una de las ovejas negras de la música, algo así como el hijo que no quiso estudiar y que acude a las reuniones familiares desgreñado y con agujeros en los zapatos mientras que sus hermanos se anudan al cuello corbatas y títulos. Es independiente y de su fuelle se escapa la libertad como un sudor sonoro. No tiene honores, pero en sus notas se condensa el amor por la vida, en todo lo que ésta tiene de hermosa y de trágica. Es el instrumento que viaja en tercera, y en el que se encierran las añoranzas del destierro. Su corazón de viento se llena de montañas ajenas, de ropa limpia de domingo, de risas, de promesas, de camisas rayadas y pañuelos al cuello, de incertidumbre, de juventud y de ocaso.
Por todo eso me gusta.
Por todo eso, y por respeto a la maestría del intérprete, me paro un rato siempre que encuentro un acordeonista callejero meciendo suavemente su acordeón en el parapeto de una esquina. No puedo evitarlo. Estoy un rato hechizada sin apartar los ojos del artista y su instrumento, mientras la melodía, sea cual sea, me arrolla como un tren improvisado. No puedo nunca negarle una moneda. Y le daría un puesto de solista en la mejor orquesta del mundo si estuviera en mis manos el hacerlo.
El caso es que ya me voy quedando sin grandes e hipotéticas orquestas, pues estos acordeones con sus acordeonistas han ido proliferando cada vez más en la última década. He colocado, virtualmente, a tantos músicos que ya podría vivir de la representación de mis artistas. Y ellos vivirían con la dignidad que se merece cualquier ser humano, en especial aquél que es capaz de generar música y emociones. Aquél que se embarcó en las naves de la emigración para, acompañado de su música, encontrar en tierra extraña un día a día menos árido. Aquél que mira hacia el futuro, pero que sufre la condena de verse atado a su pasado en la cadencia melodiosa de su música. Aquél que intenta un nuevo arraigo abrazando cada día el sonido de la nostalgia de su propia historia y la de su pueblo.
Y no sé si ahora se mira con otros ojos a estos desterrados de la pobreza, porque en nuestro país se ha levantado la niebla de la tristeza y miseria, y tantos desheredados de la vieja fortuna de nuestra Madre Patria se escapan cada día buscando un futuro. Los vientos han cambiado, y ahora soplan hacia fuera con una cólera inesperada. Los hijos criados en la prosperidad encuentran vacías sus mesas, y salen llevándose con ellos los lastres del recuerdo y la nostalgia. Se diluyen entre los recovecos de la vieja Europa. O vuelven a las Indias como gallegos soñadores. O más allá, tras Eldorado del petróleo y su fortuna.
Y en las esquinas extrañas de sus nuevas moradas, mientras las manos de sus dueños rasguean su añoranza, las guitarras brillantes suplantan el llanto del acordeón. Esperemos que nadie les niegue una moneda.
Me gusta el acordeón.
Cuando era niña hice un año de acordeón en el Conservatorio. Recuerdo que la elección de tan poco familiar instrumento llenó a mis padres, cuando menos, de perplejidad. También hubo más personas, niños y adultos, que durante algunos días se entretuvieron bromeando a mi costa, diciendo que iba a tocar los famosos “pajaritos”. Después, una mudanza me vino a privar de seguir por tan sonoro camino, y ahora no soy capaz de recordar qué efecto producía ni una sola de las muchas teclas y botones que comprende un acordeón.
El acordeón es un instrumento ajeno a la orquesta, que exhala quejidos nostálgicos cuando no alborota incitando al baile, que produce notas bohemias y callejeras. Es una de las ovejas negras de la música, algo así como el hijo que no quiso estudiar y que acude a las reuniones familiares desgreñado y con agujeros en los zapatos mientras que sus hermanos se anudan al cuello corbatas y títulos. Es independiente y de su fuelle se escapa la libertad como un sudor sonoro. No tiene honores, pero en sus notas se condensa el amor por la vida, en todo lo que ésta tiene de hermosa y de trágica. Es el instrumento que viaja en tercera, y en el que se encierran las añoranzas del destierro. Su corazón de viento se llena de montañas ajenas, de ropa limpia de domingo, de risas, de promesas, de camisas rayadas y pañuelos al cuello, de incertidumbre, de juventud y de ocaso.
Por todo eso me gusta.
Por todo eso, y por respeto a la maestría del intérprete, me paro un rato siempre que encuentro un acordeonista callejero meciendo suavemente su acordeón en el parapeto de una esquina. No puedo evitarlo. Estoy un rato hechizada sin apartar los ojos del artista y su instrumento, mientras la melodía, sea cual sea, me arrolla como un tren improvisado. No puedo nunca negarle una moneda. Y le daría un puesto de solista en la mejor orquesta del mundo si estuviera en mis manos el hacerlo.
El caso es que ya me voy quedando sin grandes e hipotéticas orquestas, pues estos acordeones con sus acordeonistas han ido proliferando cada vez más en la última década. He colocado, virtualmente, a tantos músicos que ya podría vivir de la representación de mis artistas. Y ellos vivirían con la dignidad que se merece cualquier ser humano, en especial aquél que es capaz de generar música y emociones. Aquél que se embarcó en las naves de la emigración para, acompañado de su música, encontrar en tierra extraña un día a día menos árido. Aquél que mira hacia el futuro, pero que sufre la condena de verse atado a su pasado en la cadencia melodiosa de su música. Aquél que intenta un nuevo arraigo abrazando cada día el sonido de la nostalgia de su propia historia y la de su pueblo.
Y no sé si ahora se mira con otros ojos a estos desterrados de la pobreza, porque en nuestro país se ha levantado la niebla de la tristeza y miseria, y tantos desheredados de la vieja fortuna de nuestra Madre Patria se escapan cada día buscando un futuro. Los vientos han cambiado, y ahora soplan hacia fuera con una cólera inesperada. Los hijos criados en la prosperidad encuentran vacías sus mesas, y salen llevándose con ellos los lastres del recuerdo y la nostalgia. Se diluyen entre los recovecos de la vieja Europa. O vuelven a las Indias como gallegos soñadores. O más allá, tras Eldorado del petróleo y su fortuna.
Y en las esquinas extrañas de sus nuevas moradas, mientras las manos de sus dueños rasguean su añoranza, las guitarras brillantes suplantan el llanto del acordeón. Esperemos que nadie les niegue una moneda.
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