Voy dejando a mi espalda el enorme portón verde. Subo los dos escalones que me llevan dentro de la casa. Delante de mí, el interminable corredor acaba de ser fregado, en el, para no ensuciarlo, han ido colocando meticulosamente a modo de damero, hojas de periódico. Salto de los deportes a los sucesos, de los sucesos a las esquelas, de las esquelas a la editorial, y así hasta llegar a los anuncios por palabras, que preceden al salón. Deslizo con decisión la puerta corredera con decenas de capas de pintura blanca sobre su superficie. Años más tarde aun sigo recordando aquella casa con la misma majestuosidad de un retablo gótico. Repito el camino que tantas veces he recorrido, y todas ellas con le misma ilusión, con la misma devoción. Me coloco delante de la enorme vitrina, es inmensa. Dentro, cientos de platos, tazas, vasos, copas… toda clase de tesoros se presentan ante mí. Desecho los vasos de colores psicodélicos, las copas art decó, la vajilla de Macao. Sólo tengo ojos para esa porcelana de bizcotela, adornada con esas pequeñas violetas en pequeños ramilletes y sus filitos de oro. Mi mirada va tanteando; sopera, platos de postre, las fuentes, la ensaladera, la salsera… Esta era también su preferida, porque ella amaba las violetas.
Hola a todos.El otro día he empezado un nuevo blog para mis fotografías, os copio aquí la primera y única entrada hasta el momento. Si os interesa, espero que lo visitéis.http://ahoradipatata.blogspot.com/2010/10/violetas.htmlMuchas gracias por todo
Tras la pausa de estos días, os presentamos otro camafeo de la colección de acuarelas originales. Además de éste que os ponemos, hemos realizado otros montados con distintos tipos de lazos que están preciosos. Prometemos fotos.
Habla Hermana Mayor. Siempre me ha sorprendido lo de “la madre patria”, que me recuerda inevitablemente al chiste aquel del calvo con mucho pelo. Y es que resulta que, a veces, la lengua tiene esas contradicciones: eso de la madre-padre que viene a ser algo así como el hermafroditismo del espíritu nacional. Que no sabe uno si la patria es padre como su nombre indica, o madre como quiere que, siendo de género femenino, tengamos a bien llamarla. El caso es que, sea por estas contradicciones, sea por sabe Dios qué misterios, nunca he sido muy dada a las efusividades patrióticas. Siempre me he considerado tipo Brassens, más bien al margen del tamboreo de los desfiles y los escudos varios. Y con este panorama se me ocurrió a mí nacer el 12 de octubre de hace algunos añitos. Hala, a compartir cumpleaños con las Fuerzas Armadas y la Virgen del Pilar. Menos mal que siempre me las arreglo para que me caiga en fiesta.
A lo que iba. Me da la impresión de que en nuestro país tendemos -o tendíamos- a relacionar los símbolos patrióticos con la dictadura, y que, hasta hace bien poco, ir por el mundo luciendo una banderita cantaba saetas sobre de qué lado estabas en el carrusel de la política. Recuerdo que, hace ya bastantes años, un guiri me preguntó (mi vida es un ir y venir de guiris de todos los modelos y colores) que dónde podía comprar una bandera española para llevársela de recuerdo a Wisconsin. Existía en mi ciudad un tienduco llamado “la tienda el facha” donde en mi adolescencia se compraban los aderezos de skinheads y otras linduras multicolores de evocación patriótica. Como que me daba corte mandar al guiri al garito aquel, y no supe muy bien qué contestarle. El tío, sorprendido, no entendía que, si ellos llevaban hasta los empastes de barras y estrellas, aquí no se pudiera comprar una bandera de tela de andar por casa en cualquier chiringuito. Ponte tú a explicarte a ése el lío de colorines e iconos que nos gastamos por estas tierras. La cosa es que, hace un par de días me preguntó otro foráneo (japonés éste) que dónde podía comprarse una corbata con la bandera de España para aumentar su colección. Esta vez, con unos años de diferencia, no he tenido problemas para mandarlo al comercio en cuestión, sin ningún apuro ni reminiscencia política, y sin pensar mucho, porque hoy por hoy tampoco es algo tan difícil de encontrar.
En junio, mi hijo mayor me pidió en la tienda de todo a 2€ (¡Oh, paraíso de los fabricantes de artesanía!) un artilugio que imitaba a una barra de labios como para pintarle los morros a Angelina Jolie, pero compuesta por tres bandas -roja, amarilla y roja- capaces de dejarte como un atlas de una sola pasada. Servía para decorarte las mejillas, frente, brazos y lo que quisieras antes, durante y después (sólo en caso de victoria) de cada partido de fútbol en los pasados mundiales. Y a mí que, todo hay que decirlo, la tricolor siempre me ha puesto mucho más que la bicolor, no me pareció, extrañamente, mal del todo. Y en vez de decirle a mi criatura que con ese mamarracho iba a parecer la versión cañí de Rudolf Hesse, me rasqué el bolsillo y le compré el banderamen. Y he de reconocer que la amortizamos, porque como dijo el pulpo Paul, España se salió con la suya y le dio pal pelo al resto del mundo. Y ahora que se acerca el 12 de octubre, casi me caigo de la silla al darme cuenta de que no me da tanto repelús como antes ver al país haciendo alarde de orgullo patrio. No sé si me hago vieja, o es que el paso del tiempo suaviza los malos recuerdos, incluso los de una nación. Pero la cosa es que lo que a una gran parte de los miembros de mi generación nos parecía una agria reminiscencia del pasado, viene a ser para generaciones más jóvenes algo así como un punto de encuentro, aunque sea a través del deporte. Parece que las banderas, como las palabras, van perdiendo unos matices y ganando otros. Y, aunque todavía tiene que llover mucho para que servidora salga a la calle amarrándose los pantalones o la muñeca con una banderita, me alegra que los tiempos estén cambiando.
Habla Hermana Mayor. Con la vuelta al cole llega también el retorno a las actividades extraescolares, gran parte de las cuales son deportivas. En casa, tocan unas cuantas que no merece la pena concretar, pero que son más de tres, y para las que hay que estar bien equipaditos. Por eso, esta mañana, era ineludible la visita a Decathlon, listas en mano, para no dejarse en el tintero (o en los bolsillos del chándal) ninguno de los básicos de la temporada, a saber: sudaderas, camisetas, pantalones, calcetines, distintos tipos de bolas, pelotas y pelotillas, instrumentos varios, protectores de toda la anatomía humana (parece mentira que, siendo tan pequeños, haya tantas zonas para proteger. Ni Lanzarote del Lago, oyes), bolsas, zapatillas… seguro que algo se me olvida, pero no importa, que ya me reñirá el entrenador en cuestión, que a las madres los entrenadores nos tienen más derechas que a los futbolistas profesionales.
No soy precisamente una madre tipo silla. De hecho, siempre he sido bastante inquieta, y me gusta el deporte de manera razonable. No puedo decir que sea vigoréxica, pero no podría vivir sin echar fuera adrenalina poniendo en marcha el esqueleto. Odio el deporte en lata, y sé que en esto no soy precisamente un bicho raro, pues es algo muy común a los miembros (que no miembras) de mi sexo (que no género). Adoro, por encima de muchas cosas, a mi bicicleta, con quien comparto una hora diaria, y a la que un día de éstos dedicaré una larguísima oda. Y es que, desde bien pequeñita, se encargaron de meter en mi cabeza aquella máxima rebosante de sabiduría que reza: “mens sana in corpore sano”, o lo que es lo mismo, un cuerpo bien torturadito por las propiedades beneficiosas de las manzanas y el footing (perdón por el arcaísmo, pero en los 80 yo ya tenía uso de razón) piensa mucho mejor. Así que, para que mi coco mantenga el equilibrio y no me dé el día menos pensado por practicar “balconing” con mis niños de la mano, no hay nada mejor que cuidar el palmito con una dieta saludable y equilibrada, nada de alucinógenos artificiales y una moderada dosis de deporte diario. Sinceramente, no me va mal. Y, aunque no puedo jurarlo porque nunca lo he probado, creo que no podría prescindir de estos saludables hábitos.
Y se ve que no soy la única que practica esta máxima, porque ¡madre mía cómo estaba el Decathlon! Era difícil andar entre tanta gente y tan dispar en tantas cosas: sexo, edad, intereses… No sigo, que da miedo ahogarse en las trampas pantanosas de lo políticamente incorrecto. El caso es que resulta imposible negar el tirón que tiene en nuestro Planeta Hispánico el material deportivo. ¡Qué de vocaciones!, y más ahora que vamos ganándole al mundo en una jartá de disciplinas. Si es que parece que los españolitos llevamos los aros olímpicos tatuados en nuestra piel de toro, y que no nos cuesta gastar en chándal nuevo. Contenta salí de allí viendo cómo todos estábamos bien encaramados en el carro de la vida saludable. Tanto que, para celebrarlo, decidí darme un caprichito y hacerle una visita a la librería más cercana, armada de paciencia, eso sí, porque esperaba encontrar allí una bulla de Semana Santa proporcional a la que cuidaba el palmito engrosando las arcas de la multinacional gabacha. Pero cuál no sería mi sorpresa al descubrir que los del corpore sano, la mens la tenían llenita de telarañas, porque allí los pasillos estaban bien vacíos, el público no mostraba tanta heterogeneidad, y nadie peleaba con el prójimo por llevarse al agua el tomo más gordo ni lucir musculatura craneal. No había bullicio ni algarabía a la hora de comprar material para poner en forma el coco, ni los monederos se abrían siquiera con el mismo desparpajo. El Hombredemivida, que venía conmigo, y supongo que viendo mis ojos como platos, me dijo: “qué distinto sería este país si esta tienda tuviera el tirón de la otra”. De verdad que sería distinto, pensé, tanto que hasta daríamos miedo.
Bueno bueno, llegó el gran día, ya tenemos ganadora. El sorteo se ha realizado mediante la web www.sortea2.com (realmente existe de todo en internet) Muchas felicidades a la ganadora
Nube de Pegatiina
Resultados del sorteo:
Puesto 1: 51 Nube de Pegatiina (nubedepegatiina)
Nos ponemos en contacto por correo eletrónico para que nos facilites todos los datos y nos digas cuál de los collares quieres que te mandemos.
Muchísimas gracias a todas por vuestra participación, ha sido un verdadero placer para nosotras
Hace mucho tiempo que descubrí, gracias aKireei, a Jackie Rueda. Jackie es una fantástica fotógrafa (para conocer su trabajo pica aquí). Cuando comencé a ver sus fotos, lo primero que pensé fue: "yo quiero vivir en el mundo que fotografía Jackie". Sus imágenes son especiales, frescas, limpias, llenas de luz... incluso me atrevería a decir que hasta huelen bien. Y es que tiene Jackie un don especial para ver lo bello en lo cotidiano.
Jackie creó un grupo enflickr llamado la vuelta al mundo. Llevo mucho tiempo siguiéndolo, pero no ha sido hasta ahora que me he decidido a participar. Cada mes, Jackie propone un tema para que todos los integrantes del grupo, cámara en mano, trabajen sobre éste. La dinámica es la siguiente: se podrá subir en la galería de flickr, una foto al día máximo, o bien el último día de mes subir (si eres bloguero) un post con las fotos realizadas sobre el tema. De esta manera y a partir de este mes, publicaré mi post con las fotos realizadas.
Por cierto, Jackie imparte también un curso online de fotografía, del cual leo siempre maravillas, y en el que al fin podré participar el próximo mes de noviembre. Estoy contando los días.
El tema del mes de septiembre ha sido sillas. Ha sido un tema complicado y lamentablemente he dejado varias ideas en el tintero. Éstas son las fotografías que he realizado.
Seguimos con nuestra serie de camafeos, en esta ocasión son especiales para bodas. Hemos utilizado una acuarela que hemos diseñado para la ocasión, Novia y Novio bailando el vals. Seguiremos mostrando más camafeos que ya tenemos preparados. Esperamos que os guste.