8 jun. 2011

Laura y las caenas

Habla Hermana Mayor.
La verdad, la verdad es que lo de monárquica no le pegaba nada a mi abuela: una mujer moderna en su momento donde las hubiera. Profesional y empresaria, y capaz de enfrentarse sola al mundo mientras su marido mataba el tiempo en el campo de concentración por cuestiones políticas, en aquella España chuli chuli de los años cuarenta. Pues un día, ya viejecita, me dijo: cuidado tú, hija mía con el acuerdo que has tenido de hacerte republicana. Ya lo ves, le dije, que no puedo evitarlo y que me he estado preparando para esto, para servir a mi país. ¡Ay! no, que me equivoco, que esto fue lo que le dijo el príncipe azul a Laura Pérez el otro día en Navarra, cuando le cantó las cuarenta preguntándole por el rollo ese de la sangre blue y de lo que pintan él y los suyos (que no son pocos) para una buena porción de habitantes de este país.
Me encantó la chica. Me gustó su aplomo, y la corrección con la que se comportó en todo momento, pese a que debía de tener la sangre calentita, porque siendo republicana y con un príncipe pa ella solita, tan a la mano… Que por cierto, yo que ando pez en estos rollos del protocolo, me he preguntado muchas veces por qué extraña razón hablan los blues de tú a sus súbditos mientras que el viceversa se da de usted. ¡Qué finura la de Laura!, que no le preguntó al gachó de la monarquía, ¿nos tuteamos, pues, Pipe?, sino que siguió en todo momento con el usted, que se debería -me imagino- a cosas de la edad, pues Donfe le duplica, si no más, los años a la moza. La chica, con las ideas bien claras y un valor de hacerse tirabuzones con las orlas monárquicas (a los previos de La Pepa me remonto), planteó con desparpajo y sin acharamientos el debate que anda en la boca, la cabeza y el corazón de mucho españolito de a pie. Y no me refiero sólo, como he leído por ahí en algún comentario, al modelo pulga-rasta-chucho, sino a muchos compatriotas bien formados, intelectuales incluso, que se llevan las manos a sus cultivadas cabezas cuando se trata el tema de las coronitas.

El que no estuvo a la altura, me temo, fue el heredero que, alardeando de talante democrático, se acercó a recibir el piropo de turno y lo que se llevó fue la sorpresa de su vida, o dicho en castizo, fue mi niño por lana y salió trasquilado. Se defendió como pudo, aludiendo a su formación, responsabilidad y cuna, pero cuando la cosa se puso durilla y de difícil argumentación, zanjó la cuestión con un discreto cinismo -que no hay mejor defensa que un buen ataque- y le dijo a su súbdita con arrogancia que ya había tenido su minuto de gloria, y que aquello no llevaba a ninguna parte. Para ti no, nene, es posible, pero cuánto nos ha gustado a muchos ver en los medios el minuto de gloria de Laura, aunque no lo buscase.

¿Qué pasaría si tuviera éxito la propuesta de Laura, y por un momento tuvieran a bien sus majestades arriesgarse a descubrir si la gente los ama hasta el delirio, o si, por el contrario, tienta la guillotina (perdón por la burrada) a la España del siglo XXI? Pues la verdad es que no lo tengo muy clarito.
Me estaba repasando esta tarde la gloriosa historia de nuestra patria en la época de Fernando VII. Tío molón, molón de verdad, este monarca, bien preparadito, como todos, para cumplir con su deber con la patria, pero pegadito con loctite al trono, con el cetro trincado en la derecha, y la izquierda metida hasta el codo en las arcas de la corona (la verdad que, salvo lo del cetro, que también, poco han cambiado las cosas en las nuevas generaciones). Pero siguiendo con Fernandito, era el mozo chaquetero, sanguinario y traidor como pocos, cobarde y voluble como él sólo, capaz de vender y de venderse, explotador de un pueblo al que le convenía mantener en la ignorancia y la miseria. Y fue precisamente este pueblo el que se arrojó a sus pies con la proclama de “vivan las caenas”, cuando volvió de un exilio tipo me largo a vivir la vida padre mientras mi país se arrasa en guerras. Pero claro, reciclar un rey siempre queda cool. Y eso es lo que hicimos, precisamente, en mi-querida-España-esta-España-mía-esta-España-nuestra cuando pudimos, por fin, pasar la página de la dictadura. Y eso fue lo que le insinuaron a Laura, que después de todo esta monarquía contra-corriente y out of fashion tiene estructura de consenso general. Y qué bien salió la chica diciendo “yo no lo voté”. Ni yo tampoco, Laura. Y ahí está la cuestión: votar o no votar. De verdad de la buena, creo que muchos españoles no se molestarían en ir a votar ese día: ni sí ni no, sino todo lo contrario, me temo. Porque, ya se sabe, tienen los países lo que se merecen, y en el nuestro la Monarquía se mantiene por desidia.

Lo que, además, resulta aberrante y ofensivo para muchos es el comentario pelotillero rastrero de babosa política chupa del bote (lo siento, no pretendía ser tan suave, es que tengo el teclado rociadito con colonia) del Sr. Presidente de Navarra. Me refiero a eso de que tanto la Primera como la Segunda República terminaron como el rosario de la aurora, comentario que deja en el aire una conclusión tipo: gracias a la monarquía se mantiene firme y unido este país de majaretas. Sólido argumento que se basa en un conocimiento histórico modelo revista Hola. Y mira cómo dobla el colega el espinazo para seguir ahí, no sea que se le vaya a caer uno sólo de sus privilegios del bolsillo laxo de la desvergüenza. O el del otro, el del séquito, sabe Dios quién sería el individuo, que le pregunta a la valiente Laura si no tiene otro problema. Que él sí que lo tendría si se les acabara el rollo real, que a ver dónde se recicla con esa mentalidad de súbdito-caracol si por casualidad a estos pulgosos tricolor les hace caso alguien.

Pero yo, Laura, me quito el sombrero ante ti, que te has ganado, con tu joven valentía, el derecho a ser llamada “citoyenne”.

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