11 nov. 2010

The Black Rider: November

Habla Hermana Mayor.
Mi primer trabajo serio, con contrato y nómina, fue el de azafata en el Teatro Central, durante la ya añeja Expo´92. No voy a decir que fuera exactamente el trabajo de mi vida, pero estoy obligada a confesar que fue un trabajo de escándalo, sobre todo para una estudiante como era yo entonces. Sólo trabajábamos las noches en las que había función (unas tres o cuatro a la semana), y sobre los cometidos no puede decirse que fueran para deslomarla a una: organizar un poco a la gente, abrir y cerrar las puertas, apagar luces… Y disfrutar del espectáculo siempre que lo deseábamos.
De todos aquellos espectáculos, recuerdo algunos con auténtico encanto y admiración. Uno de ellos fue The Black Rider, que, sencillamente, me dejó con la boca abierta. De él me impactó la música, el punto de tétrico cabaré que rodeaba a la historia, el desasosiego de la iluminación, las coreografías destartaladas, y los logros del vestuario y el maquillaje. Recuerdo que andaba yo trasteando por las tramoyas cuando me encontré de frente con uno de los actores en modelito de andar por las tablas. Semejante encuentro se me hizo a mí algo así como el mismísimo Fantasma de la ópera bajando una escalera interior. Pegué un alarido tal que las luces oscilaron. De nada sirvió que el pobre actor que iba dentro de aquella máscara se acercara a mí intentando calmarme con toda una verborrea en alemán, recordándome que él no era sino una pieza más en aquel mecanismo carnavalesco. Por el contrario, sus intentos no hacían sino empeorar la situación que iba quedando en unas dramáticas tablas: él se esforzaba por convencerme mientras yo luchaba con todas mis fuerzas contra la angina de pecho.

En aquel entonces, no había oído en mi vida hablar de Tom Waits, pero no se me olvidará la impresión que produjo en mí acompañarlo a su palco a él y a su séquito. Venía el colega envuelto en un aire gótico (antes de que los aires góticos estuviesen a la orden del día) que nada más mirarlo hacía sonar la Tocata y Fuga de Bach, acompañado de dos valquirias rubias de rasgos y caderas grandes. Pero lo mejor de su honorable compaña eran los niños: dos criaturas sacaditas del álbum de fotos de la familia Monster. Un chico moreno perfectamente vestido con traje negro, repeinado hacia atrás con brillantina, y una etérea hadita, pálida y transparente, dentro de un liviano vestido de gasa blanca, y un chal negro bordado todo él en calaveritas blancas cubriéndole los hombros. Es para comprender que, después de haber visto a toda aquella corte, impactantes novedades como Piratas del Caribe, La Novia Cadáver o El Señor de los Anillos a mí me hayan causado una cierta sensación de “deyavú”. Y es que a veces parece que no hay nada nuevo bajo el sol.
Valga esta evocación introductoria para dejar constancia de un poema (además de canción) que no podía olvidarme de compartir durante este mes. Señoras y señores, con ustedes, de The Black Ryder, November:


No shadow
no stars
no moon
no cars
November
it only believes
in a pile of dead leaves
and a moon
that's the color of bone

No prayers for November
to linger longer
stick your spoon in the wall
we'll slaughter them all

November has tied me
to an old dead tree
get word to April
to rescue me
November's cold chain

Made of wet boots and rain
and shiny black ravens
on chimney smoke lanes
November seems odd
you're my firing squad
November

With my hair slicked back
with carrion shellac
with the blood from a pheasant
and the bone from a hare

Tied to the branches
of a roebuck stag
left to wave in the timber
like a buck shot flag

Go away you rainsnout
go away blow your brains out
November

2 comentarios:

  1. Precioso. Quizás de lo mejor de Tom Waits

    ResponderEliminar
  2. Enlace a la canción :
    http://www.tomwaits.com/songs/#/songs/song/36/November/

    ResponderEliminar

Twitter Update