6 nov. 2010

Un invitado descortés

Habla Hermana Mayor.
En principio, y debe de ser porque mi ciudad no está tomada por los visitantes, los periodistas y los cuerpos de seguridad del estado, la visita del Papa a mí me dejaba indiferente. No estaba entre mis proyectos el irme a gritar mi posición ni entre la fervorosa multitud creyente, ni entre la algarabía de los “yo-no-te-espero”. Una posturita insulsa, sin compromiso alguno, a fin de cuentas. Tal vez porque hace ya tiempo que opté por el camino de la concordia y la tolerancia, que bastante he protestado ya en mis años mozos. He seguido con frialdad las noticias en los medios, enterándome de cómo se ultimaban preparativos, qué pensaban los unos y los otros del acontecimiento, y compadeciéndome de esos pobres ciudadanos decentes a los que la organización no iba a permitir volver a su casa el domingo si salían de marcha el sábado. Sin faltar el respeto a las muchas, muchísimas personas que esperaban esta visita, servidora pensaba, con cierto alivio, que bueno, que menos mal que este papa no nos ha salido folclórico, que si le llegan a gustar los toros y las castañuelas, nos toca a nosotros que nos trasteen la vida aunque sea unas horitas.

Hace un rato he visto en el telediario algunas imágenes del papa en España. Antes de aterrizar, las primeras. Y la posturita tibia se me ha empezado a calentar, a pesar del talante tolerante que me vengo imponiendo desde que crece en mí la cordura propia de los años. Decía, en resumidas cuentas, el señor Dieciséis que la preocupante actitud laica de la España actual le recuerda inevitablemente a la que caracterizó la primera parte de la década de los 30. Y lo soltaba así, sin más, como quien va a tu casa y te dice: a ver si lavas las cortinas que parece que van a echar a andar solitas.
A mí me enseñaron en mi casa que cuando se va a la de los demás, soltar un sapo por la boca es la peor de las ofensas que se pueden infringir, porque se paga el esfuerzo, la hospitalidad, la amabilidad, la cortesía… con un mazazo de ingratitud capaz de noquear a cualquier anfitrión. Y eso, creo, vale para todos. Para el niño que va a comer a casa del compañero de banca, para el primer noviete al que invitan los horrorizados padres anhelando echar el ojo a ése-que-llama-tanto-últimamente, para los invitados a casa de unos amigos, a casa de un jefe o un empleado, para los compromisos desplazados en una ciudad lejos de la suya. Para cualquiera que sepa estar, que tenga un punto de nobleza en el corazón y unos modales "sufi" pelao y mondao. Tanto da que se sea Jefe de Estado como currito de a pié, se sea Agamenón o su porquero.

No quiero entrar en polémicas de las que se ha escrito y hablado de tantas formas, ni recordar que un buen puñado de católicos coherentes rechazan la visita de este papa hasta que se revisen ciertos puntos oscuros de la Iglesia que, por desgracia, son cada día más populares. No voy a cuestionar el tino de Roma eligiendo representantes que parecen competir para ver quién se enfrenta mejor a la renovación y el progreso. Ni soy tampoco nadie para andar enmendándole la plana a lo que el urbi manda hacer y decir a los púlpitos del orbe. Ni quiero ofender al huésped recordándole que, en su iglesia, los que parten el bacalao sí que recuerdan cada vez más a la época de la Inquisición. Pero eso sí, que nadie me toque a mí a mi República, que eso también son ganas de andar provocando al prójimo, oye. Que no cuestione en casa nuestro invitado los colores del salón, ni los de nuestra historia, porque su frase inconclusa deja en el aire el resto, que me da miedo y que viene a ser algo así como: “afortunadamente, este laicismo se arregló después, lástima que ahora lo estéis otra vez estropeando”. Que no nos venga nuestro huésped a cuestionar el menú, ni las leyes, ni los credos. Porque mi casa yo me la organizo, y la tuya te la ordenas tú, porque el laicismo actual, al igual que lo fue el de los años 30, es fruto del consenso de la mayoría.

Pero, sobre todo, porque la cortesía y la hospitalidad bien son merecedoras de otros pagos.

4 comentarios:

  1. ole, muy bien dicho, yo también respeto que venga, pero en vez de organizar este tinglao, soy de Barcelona, y mañana tengo feria, espero llegar bien en tren o y metro...me gustaría más que se gastarán este dinero en ayudar a gente que esta en situaciones precarias o en paises pobres que no viniendo aquí cargado de puñetas a decir lo que tiene que hacer cada uno en su casa...vaya tela, parar el ritmo de una ciudad porque venga un peregrino más, de peregrino nada que ha venido en avión, y el más lujoso seguro, yo respeto pero no entiendo que haya gente que se denomine fiel, fiel a que? a una persona elegida por otros iguales que no hacen nada por la sociedad sino vivir como reyes y no dar un palo al agua, mirar los misioneros como no los verás en la tele o dando paseitos, sino en el pie del cañón y al servicio de los demás, venga ya!!! uff es que llevamos hablando todo el día con mis amigos de esto y estoy ya que no puedo de tanta tontería! jaja, besotes y me ha gustado mucho leerte!

    ResponderEliminar
  2. Yo opino igual...respeto todas las religiones..el que la gente sienta devocion por algo o alguien..pero gente, que esto es un pais que tienes necesidades importantes...lo que se ha hecho no es normal...eso de limpiar las calles..que pasa que antes los españoles no tenemos derecho a tener las calles libres...que es eso de que tengamos que demostrar que estamos empadronados en nuestras casa...
    como dicen, nos gastemos el dinero de todos....
    un besoooooo

    ResponderEliminar
  3. Debería estar ya escarmentado, pero no deja de sorprenderme cómo una religión que predica la humildad actúa con tanta soberbia. En fin, creo que la jerarquía eclesial hace ya muchos siglos que abjuró del mensaje primigenio del Nazareno.
    De cualquier manera, creo que los principales artífices de la corriente de laicismo (y yo diría anticlericalismo) han sido ellos mismos, en especial el "papa botija" y este "venenoso XVI". Con esa política de alejamiento progresivo de la realidad, anclándose en posiciones cada vez más rancias y trasnochadas, no hacen sino ganarse la enemistad de casi todos (hooligans siempre habrá).
    Tanto mejor así, mejor que el lobo tenga apariencia de lobo, porque así sólo engaña a los corderos más torpes...

    ResponderEliminar
  4. Yo no hubiera sido capaz de hablar de este tema,y decir lo que tú has dicho, con tanta clase y elegancia. Debe ser que ese "talante tolerante" propio de la edad todavía no me ha llegado.
    En todo caso, deberían prohibirle a este señor abrir la boca en más de una ocasión, y ya no sólo por lanzar improperios contra sus "anfitriones", sino por vivir anclado en los "siglos de los siglos".
    ¿Por qué tiene el mundo que tolerar a un personaje tan intolerante? Esta manía que le tengo al Papa no tiene nada que ver con las creencias religiosas, que respeto profundamente.
    En fin, has abierto la caja de los truenos, jejeje... Me ha gustado mucho tu reflexión.
    Un saludo

    ResponderEliminar

Twitter Update