5 jul. 2010

Tecnologías

Habla Hermana Mayor.
Un tirachinas, por ejemplo. Eso es una cosa que puedo entender cómo funciona. Lo puedo coger cuidadosamente con una mano mientras con la otra me rasco la cabeza parsimoniosamente, girarlo a uno y otro lado, hacer un par de experimentos -incluyendo latigazo de la goma en los dedos- y, de repente, sentir como mi tejido neuronal grita "Eureka" sin ninguna reticencia, completamente vencido y convencido.
En ésas estamos. Y en esas estábamos cuando a mi jefa, hace ya tiempo, le dio la ventolera de la tecnología. "Aquí todos tenemos que ponernos las pilas o nos quedamos fuera del mercado". Al principio pensamos que se le pasaría, pero resulta que la cosa, lejos de aplacarse ha ido a más. Y a más todavía.

YO: Mira que yo a lo que aspiro es a ama de casa, con unas horitas aquí, para distraerme y no quedarme fuera del mercado laboral.

LA QUE MANDA: Si quieres ser ama de casa lo haces a jornada completa, y para entretenerte te enganchas a un culebrón, que aquí se viene a lo que se viene.

Y a lo que se iba resulta que era a ponerse al día en tecnologías. TIC, como las llama ella, y que es precisamente lo que me daba a mí cada vez que ella volvía a la carga.
Resulta que yo con ella tengo, desde hace años, una relación de amor-odio. Lo de odio, más bien folklórico, porque ella manda, y encima manda que yo trabaje, y porque además es la jefa. Lo de amor, mucho más serio, porque me cae bien hasta los lunes (cosa que ya es difícil y que supone un duro ejercicio de crecimiento interior por mi parte), y porque en mis primeros años fue mi maestra, mi mentora y una gran compañera que me enseñó la gran mayoría de lo que sé.
Así que ésas teníamos cuando me vi en una nueva disyuntiva: o gana lo del odio y me largan, o gana lo del amor, y lo de maestra y mentora, y me dejo arrastrar con ella por el huracán de las TIC (¡huy, ya me ha dado otro!).
La tinta que yo he sudado daba para una fábrica de "Bic". Y, para más inri (a mí, que soy de latines, meterme en éstas) resulta que cuando una se actualizaba en la última maravilla, la cosa se había quedado obsoleta, y ya, además de audio, teníamos vídeo. Muérete. Y todo me cambiaba, y me cambiaban esas letras (siglas del inglés), palabras mágicas de una extraña religión, con las que los gurús de los nuevos medios gustan de llamar a sus retoños, bien acompañados siempre de un buen punto y una cifrita. Más liada que la pata de un romano, mire usted, pero perseverante, porque la opción culebrón no tiraba mucho.

Y ahora resulta que mi Hermana Menor quiere que, además de con collares y otras baratijas, le demos vida al "blog" con estos "post" (¡Dios mío, cómo hablo, en lo que me he convertido ya!) a ver si aumentamos visitas y seguidores. Y que, entre la una y la otra, aquí la que escribe se ha enganchando a esto de las TIC sin que le dé nada para el cuerpo. Y es que más de uno de los que comparte curro conmigo no se lo va a creer. Y también habrá quien no sepa leerlo. Decidido, a ése mañana le regalo el tirachinas.

2 comentarios:

  1. Me encanta!!! No sabría decidir entre los collares o los textos.. que son sencillamente, geniales.

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  2. Habla Hermana Mayor. Miles de gracias. Nos encanta hacer las dos cosas

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